Publicado el miercoles 08 de abril del 2020 a las 08:45.

FACUNDO MANES SOBRE CEREBRO, CORONAVIRUS Y SOCIEDAD: “VIVIMOS UN TRAUMA GLOBAL"


Podría decirse que el doctor Facundo Manes además de un gran neurocientífico argentino de prestigio mundial es también un gran trovador. Trovador en el sentido más profundo del término, como aquel que cuenta, crea y divulga y permite conocer, de manera simple pero grandiosa, las cosas de la vida. Y allí uno de los tantos atributos del doctor Manes, que además de ser un eximio catedrático en su carácter de médico neurólogo, creador del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, de sus múltiples distinciones internacionales y de su participación en investigaciones científicas sobre la conducta humana y el funcionamiento cerebral, sabe escudriñar qué le pasa, qué sienten y hacia dónde van las sociedades y sus hombres.

 Es cierto que Manes hace su aporte sustancial a la sociedad desde las neurociencias, pero también colabora de manera potente e incisiva a pensar la Argentina del presente y la del futuro. En una charla franca y siempre estimulante con Infobae se refirió a este tiempo atravesado por la pandemia global por COVID-19 con números escalofriantes que según el mapa universal de contagios de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, ya pasó el 1 millón de infectados y superó los 58 mil muertos alrededor del globo.

 

Doctor Manes, la pandemia por COVID-19 vino a cambiar el mundo para siempre. Un mundo que se describía a sí mismo proactivamente interconectado y globalizado y que ahora está detenido, encerrado, y atravesado por la muerte cotidiana... ¿cómo impacta esta crisis epidemiológica en las sociedades modernas?

Esta pandemia, además de ser una amenaza para la salud, provoca una impresionante crisis a nivel mundial: económica, social, de salud pública, de relaciones entre los países, y también una crisis moral que, a su vez, tiene un gran impacto en las emociones y en los comportamientos individuales y sociales. Actualmente, vivimos un trauma global.

 A nivel mundial se está dando un fenómeno por el cual la sociedad en su conjunto presta atención a la necesidad de que los líderes políticos trabajen codo a codo con los científicos para sacar el mundo adelante. Hoy los expertos tienen una voz y un rol imprescindible para ayudar a tomar las mejores decisiones políticas. Esto deja en ridículo las decisiones arbitrarias, los espasmos y la chapucería. La ciencia nos enseña a evitar los pensamientos monolíticos y a mantener siempre el espíritu crítico para analizar, evaluar, discutir y revisar lo que se está haciendo en pos de tomar las mejores decisiones y reducir el margen de error. Esta crisis hace más tangible -aunque lamentablemente por el contexto dramático- algo por lo que venimos militando hace muchos años a lo largo y a lo ancho de nuestro país: que necesitamos instituciones públicas fuertes, transparentes, con buenas administraciones, y decisiones políticas basadas en la mejor evidencia disponible y dirigentes serios y comprometidos. En este momento tan extraordinario, necesitamos líderes en todo el mundo que estén a la altura de lo que estamos viviendo y de lo que vendrá.

 

Y en tren de avizorar lo que vendrá cuáles cree usted que serán los impactos más fundamentales de la pandemia desde lo científico y lo humanitario

En el interior de las sociedades, la pandemia nos debe ayudar a generar mayor solidaridad y funcionalidad. Esto debe borrar las diferencias superficiales entre las personas e igualarnos ante una verdadera amenaza común. Es hora de pensarnos colectivamente, como una comunidad, y apelar a lo mejor del ser humano: cooperación, altruismo, inteligencia colectiva, conocimiento, sentido de propósito y empatía. Justamente la empatía es la cualidad que va a permitir sobreponernos a este trauma colectivo y nos va a posibilitar pensarnos como un todo social que necesita de los demás, de todos y cada uno, para salir adelante.

 La fragmentación social, el “sálvese quien pueda”, nos llevaría definitivamente al desastre. Nuestro valor real como seres humanos se da en la responsabilidad y el compromiso solidario de cada uno con los demás.

 

Hay consenso entre los epidemiólogos, virólogos y expertos acerca de que no se podrá salir de golpe de los distintos confinamientos que decidieron los países. En el caso argentino, el aislamiento social y obligatorio ya cumplió 15 días: ¿Cómo sugiere usted que debería ser ese proceso de salida gradual?

La única certeza durante una epidemia es que la información irá cambiando día a día, incluso minuto a minuto. Esta es una situación sin precedentes modernos, no tenemos recetas. Confiemos en que los expertos tomarán la mejor decisión a partir de la mejor evidencia disponible para salir del aislamiento preventivo.

 Debemos entender lo siguiente: esta pandemia probará la resistencia, no solo de nuestro sistema de salud -que sabemos que tiene las limitaciones de un país que atraviesa desde hace tanto tiempo una crisis económica- sino incluso de los sistemas de salud mejor equipados. Por nuestra parte, debemos intentar evitar la propagación del virus y, al mismo tiempo, el colapso de nuestra economía, sin contar con las capacidades económicas, científicas ni tecnológicas de Asia, Europa y Estados Unidos. Contamos con una ventaja: el tiempo. Y debemos hacerlo jugar a nuestro favor. Pero también contamos con tremendas desventajas: el deterioro de nuestro sistema de salud, una infraestructura deficiente, la falta de insumos y -fundamentalmente- una situación social que nos aqueja con niveles inmorales de carencia que ya teníamos mucho antes de la pandemia.

 

¿Cuál cree que podrán ser las claves para que la sociedad argentina y la del mundo comprenda que la vida no volverá a ser la misma?

 Los seres humanos, como especie, contamos con mecanismos que nos permiten superar adaptativamente las situaciones de adversidad. Uno de ellos, que será especialmente importante en los tiempos que vienen, es la resiliencia. Necesitaremos ser resilientes para poder enfrentar el futuro, fortalecernos y superarnos en contextos adversos. No sabemos cómo será la vida en unos meses, seguramente vengan tiempos difíciles, tiempos de reconstruir nuestra sociedad, nuestro país. Deberemos ser más responsables, más creativos, más solidarios.

 

Una pandemia global opera sobre los sentimientos más íntimos y existenciales del ser humano: la incertidumbre, el miedo, la angustia, entre otros... ¿cómo impacta esto en la salud física y mental de las personas?

Por primera vez en la historia de la humanidad, existe también una pandemia de miedo y ansiedad globalizada. Ante un contexto amenazante como el que estamos viviendo se activan los sistemas del cerebro que tienen que ver con el manejo y la respuesta frente al peligro y la situación de incertidumbre. Las respuestas del peligro, a su vez, se relacionan con los sistemas de la ansiedad, una emoción muy ligada al miedo pero que reacciona antes de que el peligro esté presente de manera real o inminente. Es una respuesta adaptativa que frente a situaciones de peligro puede ser muy útil, ya que nos ayuda a la supervivencia. El problema es que el miedo excesivo nos puede paralizar, haciéndonos menos efectivos en la resolución de problemas concretos. Los sentimientos de miedo, ansiedad y tristeza son normales y esperables dada esta situación porque en este momento uno no sabe con certeza qué tan extendida o grave será la enfermedad y el impacto que tendrá. Debemos intentar hacer lecturas realistas de lo que está pasando, para que el miedo no nos paralice ni nos impida accionar.

 

¿Cómo protegernos frente a lo que se dio en llamar infodemia (pandemia informativa) que plantea un escenario paradojal para las sociedades actuales: la necesidad de saber y estar informados, por un lado; y la preservación de la sobreabundancia informativa por el otro?

El cerebro busca la certeza y la desinformación se aprovecha de eso y de nuestras emociones exacerbadas por este contexto tan extraordinario. Y es porque la incertidumbre es una de las situaciones que nos genera mayor incomodidad, ya que nos enfrenta a la falta de control sobre las situaciones que nos pueden afectar. Cuando perdemos la sensación de control sobre eso que nos afecta, podemos sentirnos más ansiosos o más deprimidos y nuestra mente hace un gran esfuerzo por recuperarla, aún a costa de depositar nuestra confianza en información poco fidedigna. El esfuerzo por negar o combatir la incertidumbre consume muchos recursos cognitivos y nos hace sentir ansiosos y agotados.

 

Vayamos a su universo específico: las neurociencias y el inconmensurable funcionamiento del cerebro. ¿Cómo impacta esta pandemia mundial por COVID-19 en el cerebro de los seres humanos?

Algo que nos afecta particularmente de este virus, además obviamente de enfermarnos, es que se aprovecha de nuestra naturaleza social y la usa en nuestra contra. No somos una especie que vive aislada, somos seres sociales. Y hoy hay reportes de mucha ansiedad y soledad de personas que están en cuarentena o en aislamiento preventivo en distintas partes del mundo. Pero es porque vivimos en sociedad que ocurren las epidemias: el virus se pasa de persona a persona, somos los vectores del virus y por eso debemos, de alguna manera, ir en contra de nuestra naturaleza como especie y respetar el aislamiento.

Esta pandemia también va en contra de lo que nos sale hacer cuando un amigo o un familiar está solo o está enfermo: en lugar de poder cuidarlo, abrazarlo y darle apoyo, hoy la manera de ayudarlos es quedándonos en casa, porque es con el contacto estrecho que se propaga el virus.

 

Cómo analiza que serán los saldos y los retos que nos quedarán por delante a los argentinos y a la humanidad en general luego de que pase la pandemia ¿Considera que será una oportunidad o un retroceso?

Creo que tenemos una oportunidad histórica de repensar muchas cosas que evidentemente ya no se sostienen, a nivel país, como región y también a nivel global. Algunos cambios que predicen los expertos por estos días incluyen más sofisticados y flexibles usos de las tecnologías, menos polarización política, revalorización de los espacios verdes y otros placeres simples de la vida. El shock social que nos produzca puede ser para mejor o para peor.

 El deseo, obviamente, es que la humanidad toda sea “más humana” al salir de este laberinto. Hoy es más claro que nunca que nuestros destinos individuales están indisolublemente ligados al destino colectivo.

 Un país es mucho más que un pedazo de tierra y un montón de gente viviendo adentro. Una Nación es un sentido colectivo. Lamentablemente, esta situación nos encuentra demasiado débiles porque, cuando tuvimos chances, no invertimos en fondos anticícliclos, permitimos la corrupción y la desinversión en las áreas estratégicas que hoy serían imprescindibles para enfrentar esta crisis sanitaria. Espero que aprendamos de esto: tenemos que unirnos como argentinos tras los temas fundamentales: invertir en las capacidades de los ciudadanos, en salud, en educación y en ciencia. Se viene un nuevo país en un nuevo mundo que hay que pensarlo, armarlo y explicarlo. Nuestra generación tiene un desafío que nunca imaginó. Ojalá que estemos a la altura.

 

Fuente: Infobae

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