Publicado el martes 29 de enero del 2019 a las 11:03.

FEDERICO TRUCCO, CEO DE BIOCERES: “LA CIENCIA ES LA MEJOR INVERSIÓN”


Soja y trigo tolerable a la sequía, genética humana, biotransformación, biología molecular… estos son solo algunos (de los muchos) temas que se investigan y se desarrollan diariamente en Grupo Bioceres, una compañía argentina de biotecnología para el agro que nació en plena crisis de 2001 cuando 23 productores agropecuarios juntaron u$s 600 cada uno para potenciar el campo local de la mano de la tecnología. Esa empresa, que valía en ese entonces tan sólo u$s 13.800, hoy es propiedad de 320 socios, saldrá a cotizar a la bolsa de Nueva York en pocos meses y su valor de mercado estimado supera los u$s 456 millones. Un milagro empresarial argentino que surgió en el peor momento del país.

 

Fortuna viajó hasta la ciudad de Rosario, sede central de la empresa, para dialogar con Federico Trucco, 41 años, director y CEO de Bioceres.  Su padre fue uno de los fundadores de la compañía y hoy recae sobre él la responsabilidad de seguir haciendo de la firma un ejemplo de que hablar de negocios y ciencia y tecnología puede ser no solo posible, sino también exitoso. “Bioceres empezó más como una cooperativa de gente asociada al proceso de transformación del agro. Y esta transformación tuvo en su corazón a la biotecnología. Es decir que no se dio porque un Gobierno bajó los impuestos o generó una ley determinada.

 

Acá lo que hubo fue una fenomenal incorporación de tecnología, que vino del exterior, que de repente nos entregó un negocio que como país no planificamos, que fue el boom de la soja. Hoy, somos una plataforma de negocios en el mundo de la biotecnología agropecuaria y nos diferenciamos del resto de las compañías porque tenemos un modelo de arquitectura abierta. Lo que nosotros tratamos de hacer es originar tecnologías a partir del sistema científico local e internacional, con investigadores que se desempeñan en distintas instituciones, que generan conocimiento y nosotros los ayudamos a validar ese conocimiento para ver si es relevante o aplicable a problemas en el mundo de la producción agropecuaria”, explica Trucco. Es este camino el que permitió que, recientemente, Bioceres se haya convertido en la primera empresa a nivel mundial en ofrecer al mercado un trigo tolerable a la sequía. Y ya contaba con el de soja. Trucco asegura que en esta última campaña “se perdieron cerca de 15 millones de toneladas de soja y hubiéramos podido evitar unas 4,5 millones de toneladas.

 

Dependiendo del valor que se le asigne a la soja, podrían haber sido unos u$s 1.350 millones a nivel del productor. En el caso del trigo, Argentina produce entre 12 y 18 millones de toneladas. La tecnología funciona más allá de la sequía, que es cuando se vuelve más claro el efecto, por lo que en condiciones de no sequía se pueden producir tres millones de toneladas extra cada año. Depende del valor de la tonelada, puede generar entre u$s 400 millones y $s 600 millones más o menos. Los números hablan por sí solos”.

 

¿Por qué crees que es posible que una empresa con más de 300 socios, que está basada en ciencia y tecnología aplicada al agro pero también a las ciencias de la vida, sea exitosa en el país? No es común…

La única forma en que puedo explicar el éxito que hemos venido teniendo es a partir del efecto de masa que tiene Bioceres, con muchos accionistas que forman parte como de un club más grande. Cada año, Bioceres vendía de u$s 10 millones a u$s 12 millones pero operativamente perdía entre u$s 2 millones y u$s 3 millones. Sin embargo, perdíamos pero todos se sentían contentos con lo que se lograba. Nos lográbamos mantener, cada año, ampliando la participación accionaria y estos nuevos socios eran quienes inyectaban capital. De otra manera esto no hubiera ocurrido. Bioceres se hizo con muy poca plata. Hasta la última capitalización, que fue la significativa, que fueron u$s 63 millones, nunca habían estado por arriba de los u$s 20 millones. Esta plata la podría haber puesto una sola persona pero quién hubiera esperado 15 años para ver un peso. Ni el más millonario de todos puede hacerlo. Los tiempos de este negocio son muy largos, por eso creo que es una oportunidad que no fue concebida a priori, que se dio por factores que hoy podemos explicar mirando para atrás.

 

¿Esto demuestra que puede desarrollarse en el país un negocio relacionado con el mundo científico?

Queda claro que el sistema científico de Argentina no tiene por qué vivir de la teta del Estado. Y, digo más: es necesario emanciparlo del Estado. Uno podría potenciar al investigador solo si su conocimiento se pudiera monetizar. Hay que dejar de ver a la ciencia como un gasto, y verla como una inversión. Entender que es la inversión de mejor repago y que tenemos la materia prima, que son las personas, para tener una sana ambición dentro de este mundo. Esto es lo que me frustra del debate de agenda pública.

 

¿El gobierno actual comparte su visión? ¿Siente que hay interés por la ciencia y la tecnología?

El Gobierno no es una única cosa. Hay gente que puede tener grados diferentes de entendimiento y de aceptación. Pero, sinceramente, para mí el Gobierno no lo ve. Ojo, ni este ni el Gobierno anterior. Lo que sí creo es que era un tema tan ajeno a lo que una administración central maneja desde el punto de vista de sus conocimientos que dejaron que ocurra. Y eso fue bueno. Gran parte de todo lo bueno que nos pasó es porque el político promedio entiende cero de esto. Lo dejan hacer, es poca plata y además está bueno como parte del discurso. Creo que la administración actual le dio continuidad pero desde un punto de vista superficial. Porque desde el fondo creo que ven a la ciencia como un gasto y ven a un subsidio en investigación de la misma manera que un subsidio a una tarifa eléctrica. Es una picardía.

 

¿Cree que eso cambiará en algún momento? ¿Ve motivos para ser optimista?

Yo soy bioquímico y trato de pensar las cosas como científico. Al final del día somos seres vivos y nos estamos organizando como sociedad. Y si uno mira un organismo, uno ve que hay dos funciones básicas en la que se puede resumir su existencia. Por un lado, lo que se llama homeostasis, que es todo lo que necesita hacer una célula para mantenerse; y por otro lado lo que se denomina evolución, que hace referencia a cómo ese organismo se va adaptando a las circunstancias cambiantes y evolucionando. Si miro a la administración pública y pienso cuánto tiempo se dedica a mantener el techo y que no se les caiga encima y cuánto tiempo a evolucionar… el 99% del tiempo nos estamos dedicando a mantener lo que tenemos y que el país no se nos venga encima, y muy poco tiempo se lo dedicamos a dar un salto evolutivo. El área de ciencia y tecnología debería ser el área de Gobierno que se pueda substraer de la actualidad y ayudar a dar este salto evolutivo.

 

La respuesta rápida que podría venir detrás de su opinión es que, para ello, se necesita plata. ¿Es correcto? ¿Se trata solo de dinero e inversión pública?

Lo que se necesita es coraje. La ciencia no es una carrera de fuerza bruta. No es que con más recursos tengo más posibilidades de obtener lo que busco. Esto es lo lindo de la ciencia, que es democrática. ¿Qué pasa si mañana podemos decir que nos podemos diferenciar del mundo porque en la Argentina se regeneran órganos y que en vez de anotarse en una lista para esperar un órgano se pudiera inyectar células embrionarias que, por ejemplo, regeneren un corazón de cero? ¿Y si pudiéramos tener cinco millones de personas por año que vendrían al país a hacerse este tipo de terapias y venderlas a u$s 100 mil?

 

¿Lo que está diciendo es ficción o realidad?

Son datos y un poco de especulación. Pero, lo que quiero graficar es que, en este caso particular, lo único que como Estado deberían hacer es autorizar el uso de células embrionarias y crear el marco regulatorio que todavía ni Estados Unidos ni Europa se han animado a crear. No se trata de plata. Pero hay que tener un debate ante la sociedad, con un liderazgo adecuado, que nos den la posibilidad de adueñarnos de industrias que todavía no nacieron. Un ejemplo de esto es Canadá, que se adueñó de la industria del cannabis. Hace años era impensado esto y hoy es una industria de miles de millones de dólares. ¿Por qué Canadá? Porque Uruguay no se animó. En todo lo que son las Ciencias de la Vida sucede lo mismo. Es necesario pensar en cómo vamos a regular el tema de clonación humana, regeneración celular y terapias regenerativas por ejemplo; o en lo que es edición génica, lo que son los alimentos funcionales y en cómo transformo a la industria alimenticia en la farmacéutica del futuro. Estas cosas no requieren plata sino de un marco regulatorio. Y, cuando uno es pobre, el riesgo es menor. Si sos el país más rico del mundo tenés mucho para perder. Entonces, el que se anime tiene que ser el que menos tiene para perder. Esta es la parte que me frustra de la interacción con el gobierno, sea cual sea.

 

¿A una empresa del sector de biotecnología y agro, además de los marcos regulatorios de los que estamos hablando, qué políticas macro le vendrían bien? ¿Cuál es su principal reclamo hacia el Gobierno?

La volatilidad impide planificar. No es una buena idea competir internacionalmente por sueldos baratos, porque es un espacio en el cual se puede ser competitivo por un período corto de tiempo, pero esto posterga el ingreso de los grupos familiares y el desarrollo personal de la población. Y, a fin de cuentas, siempre va a terminar ganando un robot. El futuro no está en los empleos de manufactura o en negocios en donde el costo del salario sea determinante al final del día de la rentabilidad. Creo que hay que preservar el entramado industrial que tenés, hay que ir a cierta economía de servicio que dará algún grado de dinamismo mayor, pero fundamentalmente ir hacia una sociedad del conocimiento, donde importa cuán valiosa es la idea que vos traes. ¿Cuánto vale que algo puede estirar tu vida unos 50 años? Esto lo va a generar el conocimiento, que es la ecuación de mayor repago. Argentina debería tratar, de a poco, de ir yendo del modelo actual que se dedica en un 99% a mantener el techo, a darle más espacio a la evolución.

 

Suena lindo pero, con todos los problemas macro y micro que hay, ¿por dónde se debería empezar?

Hay áreas donde podríamos tener ventajas comparativas iniciales, como en el agro. En soja somos el 20% del mercado global. Tenemos que entender esto y actuar en consecuencia. En medicina, por ejemplo, también tenemos muy buenas compañías, pero somos el 1% del mercado global, entonces hacer cambios es más difícil. Si nuestra ventaja competitiva va a depender de cuánto vale el dólar y de algunos temas relacionados al costo argentino como los impuestos y logística, vamos a estar complicados porque queda claro que no lo estamos pudiendo resolver. Trataría de buscar una lógica de desarrollo distinta.

 

Hacia adelante. Este año  podría marcar un nuevo hito en la historia de Bioceres. El primero de ellos fue su fundación, en 2001. El segundo fue en 2016, cuando ante la necesidad de generar caja, decidieron endeudarse para comprar Rizobacter (ver recuadro). Hasta 2015, la compañía vendía no más de u$s 12 millones al año, pero a partir de 2016, luego de la adquisición, pasó a facturar más de u$s 100 millones y tener un resultado operativo positivo por primera vez desde sus inicios. Y este año podría ser el tercer hito, que sería la salida a la bolsa en Nueva York. Casi lo hacen en 2018, pero la situación local e internacional cambió los planes. Por tal motivo, el año pasado compraron una compañía que ya cotiza (Union) y, una vez que se apruebe la fusión, BIOX será el nombre con el que participará en el mercado de capitales americano.

 

¿Cuál es el futuro de Bioceres? ¿Piensa en ser el próximo Unicornio de origen argentino?

Nuestra propuesta de crecimiento está apalancada en dos caminos complementarios, que son los que nos permitirán pasar de la facturación actual de u$s 140 millones a superar los u$s 400 millones de tres a cinco años. La mitad de este crecimiento lo lograremos con las tecnologías de tolerancia a sequías en el cultivo de soja y trigo en Latinoamérica. No hay ninguna compañía que tenga productos similares. La otra mitad del crecimiento vendrá por la expansión de nuestras subsidiarias del exterior.

 

En los últimos años estuvimos creando muchas empresas y tenemos más de 60 personas fuera del país, con capacidad operativa en Brasil y Paraguay, y con gerentes de negocios en Uruguay, Bolivia, Colombia, Estados Unidos, Sudáfrica, Alemania e India. Esto representa, para el cierre del año fiscal, unos u$s 40 millones en ventas. A medida que las aprobaciones de nuestros productos se vayan consiguiendo en los diferentes países, iremos creciendo. Y, otra parte importante de nuestro crecimiento se dará por la inversión que hicimos en Pergamino para producir fertilizantes especiales, que son microgranulados. Fue una inversión de u$s 30 millones para una planta que tiene capacidad de producir u$s 100 millones en fertilizantes y hoy está a solo un 20% de su capacidad instalada. Si la llevamos a más del 80% de su capacidad instalada, tendremos u$s 80 millones más de venta. Estamos creando la demanda y somos líderes en este tipo de productos a nivel local.

 

Entonces, es una estrategia basada en la diversificación, tecnología y temas vinculados a internacionalización y aumento de capacidad instalada que tienen elementos de riesgos menores.

 

Fuente: Revista Fortuna

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