Sergio Doval

El verdadero desafío digital de la IA es convertir la información en ventaja competitiva

Por Sergio Doval, Presidente de LIDE Digital Tech

Cada época tiene su propio meteorito. Hoy muchos miran a la inteligencia artificial como si fuera ese impacto inevitable que viene a cambiarlo todo. Pero quizás, el verdadero meteorito no sea la IA en sí misma, sino algo más profundo: la reducción abrupta del costo de procesar información.

Ese cambio ya está ocurriendo. No empezó ayer ni hace dos años. Viene avanzando desde hace tiempo y está alterando la forma en que las empresas trabajan, deciden, compiten y construyen valor. Lo que antes requería equipos enteros dedicados a leer, ordenar, analizar y transformar datos en conclusiones, hoy puede hacerse con una velocidad y una escala inéditas.

Pero ahí aparece una pregunta que me parece central: ¿cuánto de la información que circula todos los días dentro de una empresa está realmente convertida en conocimiento?

La información, por sí sola, ya no alcanza. De hecho, se volvió un commodity. Está en los mails, en las reuniones, en los briefs, en los reportes, en las conversaciones internas y en cada interacción cotidiana. El problema no es la falta de información. Muchas veces, el problema es exactamente el contrario: hay demasiada información, pero poco conocimiento ordenado. El conocimiento es información organizada con criterio. Es una forma particular de entender, priorizar y hacer. Es, si se quiere, la receta propia de cada organización. Todos pueden tener los mismos ingredientes, pero no todos saben combinarlos de la misma manera. En esa diferencia suele estar el valor.

Por eso, cuando hablamos de convergencia digital en las empresas, no deberíamos reducirla a la incorporación de nuevas herramientas o a la adopción de inteligencia artificial. La convergencia digital es algo más exigente: implica conectar datos, procesos, personas, sistemas y conocimiento en una misma lógica de funcionamiento. Es pasar de tener información dispersa a construir capacidades concretas.

En ese camino aparecen conceptos que hoy se escuchan cada vez más, como las skills o los agentes digitales. La idea es potente: transformar conocimiento interno en habilidades capaces de asistir, resolver, ejecutar o acelerar tareas. Pero para que eso ocurra, primero las compañías necesitan saber qué es lo que saben. Necesitan identificar sus recetas, ordenar su experiencia y convertirla en algo que pueda ser compartido, utilizado y escalado.

El riesgo no está solamente en llegar tarde a la inteligencia artificial. El riesgo más grande es seguir mirando el mundo con sistemas de alarma diseñados para otro tipo de amenazas.

Los dinosaurios dominaban el planeta, pero no estaban preparados para el meteorito. Muchas organizaciones pueden estar en una situación similar: son grandes, tienen historia, tienen recursos, pero quizás no están mirando el cambio correcto.

Hoy la ventaja competitiva no será simplemente tener más tecnología. La diferencia estará en la capacidad de convertir información en conocimiento, conocimiento en habilidades y habilidades en nuevas formas de operar. Eso aplica a todas las industrias: energía, petróleo, servicios, industria, tecnología o economía del conocimiento. En todos los casos, el punto de partida es el mismo: ordenar lo propio para poder potenciarlo.

En mi primera participación como Presidente de LIDE Digital Tech, me interesa proponer esta conversación desde una mirada práctica. No se trata de buscar certezas absolutas, sino de hacer mejores preguntas. ¿Cuánto de lo que sabe una empresa está realmente estructurado? ¿Cuánto conocimiento queda atrapado en correos, reuniones o documentos que nadie vuelve a consultar? ¿Cuánto valor se pierde por no transformar esa experiencia en una capacidad concreta?

La innovación no siempre empieza con una gran respuesta, sino con una pregunta bien formulada. Y tal vez esa sea una de las principales tareas que tenemos por delante: ayudar a que las empresas no solo que incorporen tecnología, sino que aprendan a reconocer, ordenar y activar el conocimiento que ya tienen.

Porque la convergencia digital no es una moda. Es una condición para adaptarse, competir y construir futuro.

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