
Diez gigavatios de Respuesta a la Demanda en los 13 países donde la compañía tiene presencia: este es el hito histórico que Enel alcanzó en el camino hacia la transición de un sistema eléctrico descarbonizado.
¿QUÉ ES LA FLEXIBILIDAD Y POR QUÉ RESULTA FUNDAMENTAL?
Las redes eléctricas deben mantener en todo momento un equilibrio perfecto entre la oferta y la demanda. Un aumento repentino del consumo o una caída de la producción pueden desestabilizar la red y provocar cortes de suministro. Hasta hace algunos años, los gestores dependían exclusivamente de las centrales tradicionales: cuando la demanda aumentaba, activaban una central de reserva o adquirían energía en el mercado. En la actualidad, este modelo ya no alcanza. El crecimiento de las fuentes renovables —que, por naturaleza, producen energía de forma no programable— exige nuevas herramientas para garantizar la estabilidad de la red.
CÓMO FUNCIONA LA RESPUESTA A LA DEMANDA
Uno de esos instrumentos es la Respuesta a la Demanda. A través de estos programas, los consumidores industriales y comerciales reciben incentivos para modular sus consumos —reducirlos, aumentarlos o trasladarlos en el tiempo— en respuesta a las señales de la red o a los precios de mercado. Cuando el gestor prevé un problema de estabilidad, envía una notificación al agregador, quien distribuye la solicitud entre los clientes para que modulen el consumo y reciban un incentivo económico contemplado en el contrato.
Las ventajas alcanzan a todos los actores: las empresas transforman su flexibilidad en una nueva fuente de ingresos y reducen costos energéticos; los gestores de la red evitan la construcción de nuevas instalaciones de reserva; y las comunidades acceden a una red más estable.
UN LOGRO HISTÓRICO
El Grupo opera como agregador en más de 100 programas de flexibilidad energética y Respuesta a la Demanda, con la gestión de más de 8000 clientes y más de 16.000 instalaciones industriales en todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Japón. Ya no se trata únicamente de grandes centrales: en la actualidad, la generación distribuida y las cargas de las actividades productivas —e incluso las domésticas— también aportan servicios esenciales para la seguridad de la red.
El sistema energético, que históricamente adaptó la producción a la demanda, hoy avanza un paso más: los consumos también asumen un papel activo en la regulación de la red para aportar mayor flexibilidad, estabilidad y seguridad al sistema eléctrico del futuro.
Fuente: www.enel.com
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